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¿Qué es la Aromaterapia?

El término Aromaterapia procede de la asociación de dos palabras griegas: Aroma, que significa “olor”, y Terapia, que significa “cuidado”. Fue René-Maurice Gattefossé, ingeniero químico de Lyon, quien ideó este nombre a principios del siglo XX. Pero, aunque inventó el término, no creó la disciplina, que existe desde el uso de las plantas aromáticas por parte de la humanidad.

De planta aromática a aceite esencial

Los aceites proceden de plantas aromáticas que se utilizan en cocina, perfumería y medicina por los aromas que desprenden. A menudo se distinguen las hierbas aromáticas (como la menta), las especias (como la canela) y las flores fragantes (como la rosa).

En estas plantas hay células secretoras que producen líquidos llamados esencias aromáticas. Estas células pueden encontrarse en diferentes partes de la planta, hojas, tallos, bulbos, raíces, semillas, flores, corteza, etc.
Estas sustancias se almacenan en los tejidos de las plantas aromáticas en pequeñas bolsas, pelos o canales. Son los que estallan cuando se arruga una hoja, se toca una flor o se pela la piel de una naranja. A continuación, liberan alguna esencia en el aire y nuestra nariz puede percibir estas moléculas olorosas.

    Es la extracción por destilación, con destilación al vapor, que dará por un lado el aceite esencial y por otro el hidrolato o agua floral.

    Cada aceite esencial presenta diferentes actividades terapéuticas, así como una potencial toxicidad relacionada con su composición química. Si las propiedades de ciertas plantas se conocen desde hace siglos, la aromaterapia científica del siglo XXI utiliza una metodología rigurosa y se basa en datos científicos sólidos, confirmados por el laboratorio.

    Los H.E. se definen botánicamente, se quimiotipan y se controlan bioquímicamente mediante cromatografía, antes de su uso terapéutico. Los posibles efectos secundarios, así como las contraindicaciones de los medicamentos, están hoy en día ampliamente enumerados.

    Cómo utilizar los aceites esenciales

    En difusión: para desodorizar, higienizar o crear una determinada atmósfera olfativa, o en inhalación/olfatización: para un efecto directo sobre las vías respiratorias pero también sobre la vía olfativa y las emociones.

    En aplicación local: se aplican sobre la piel, diluidos en aceite, en una crema de base neutra, en un champú, en un baño de burbujas o en alcohol, etc. La acción puede ser local (actividad antiinflamatoria, antipruriginosa…) o sistémica. Por su naturaleza, los aceites esenciales atraviesan fácilmente la barrera cutánea para llegar al torrente sanguíneo.

    Al ingerirlos: ¡cuidado, no todos pueden utilizarse internamente! Hable siempre primero con su médico, puede que acepte sustituir una prescripción habitual por aceites esenciales.

    En la consulta, practico la aromaterapia holística, que combina la terapia de masaje y los mensajes olfativos de los aceites esenciales. También asesoro en aromaterapia familiar una vez realizado el diagnóstico por un médico y siempre en complementariedad con los tratamientos existentes.

    Aceites esenciales y flores de Bach

    Derivadas de flores que en su mayoría no son aromáticas y se producen de forma diferente, las flores de Bach son complementarias a los Aceites Esenciales.

    Edward Bach fue un médico, homeópata y bacteriólogo galés de principios del siglo pasado. Muy sensible, dedicó su vida a elaborar una serie de elixires florales, utilizando las plantas y árboles silvestres que le rodeaban.

    Estaba convencido de que cada uno de nosotros tiene una dimensión espiritual y que, para estar sanos, debemos estar en armonía con nuestra alma. Aunque es perfectamente normal sentir tanto emociones positivas como negativas, el peligro surge cuando un conflicto emocional se prolonga en el tiempo. A la larga, esto puede provocar molestias o incluso enfermedades. El objetivo del Dr. Bach era curar al individuo, en lugar de centrarse en la enfermedad. Al tratar los desequilibrios emocionales, creía que las condiciones físicas sólo podían mejorar.

    También consideró que la esencia de las flores, su energía, contiene un impulso energético para reequilibrar al individuo, para ayudarle a realinear los diferentes niveles de su ser.

    El Dr. Bach enumeró 38 flores, cada una de las cuales corresponde, según él, a un estado de ánimo particular. Los clasificó en 7 grupos que corresponden a los conflictos más frecuentes que existen en cada uno de nosotros: el miedo, la incertidumbre, la falta de interés por el presente, la soledad, la hipersensibilidad a las influencias externas, el desánimo o la desesperación, la excesiva preocupación por el bienestar de los demás. Otros investigadores han añadido plantas para completar esta gama, que sigue siendo una base esencial.

    Las flores se recogen en plena floración y luego se maceran o hierven en agua pura. El líquido recogido es el elixir madre. A continuación, se diluye en alcohol. Cada flor tiene la tarea de despertar una cualidad de la que carecemos o que está en un segundo plano.

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